2008-2018. Los juicios y los prejuicios en la música pop. De el raeggeaton como música plebeya al Reggaetondelux



Año 2008, Garbanzo hace una versión de "La Gasolina" del gran Daddy Yankee y también la lleva a la primera fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta, en sala Nasti. Todxs encantadxs, el reguetón se escuchaba en las calles de los barrios latinos, y la actitud de Garbanzo tenía ese toque crítico contra la cultura hipster que defendíamos en Aplasta. El reggeaton era despreciado en en general en la mayoría de ámbitos hipsters y reconocer su influencia y su importancia era fundamental.




Año 2018. El reggaton es portada de la rockdelux y la mayoría de medios de tendencia  y festivales cool pasan a defender un estilo que ellos mismos menospreciaban cuando era minoritario y perteneciente a un submundo underground que detestaban. 







¿Qué ha pasado para que esto suceda?

2018 pasará a la historia de la música por que la crítica musical ha redefinido el concepto de "buen gusto", esta diferenciación clave que nos sirve de criterio para jerarquizar entre lo bueno y lo malo en la música pop y en el arte en general,  y que desde hace tanto tiempo venimos criticando desde instancias underground.

Pero el proceso de crítica no ha generado una apertura mental hacia el conocimiento de otras músicas "no occidentalizadas" sino que ha generado una legión de indies arrepentidos que dialécticamente afirman acríticamente las músicas denostadas por el buen gusto, sin comenzar una verdadera tarea de investigación y rastreo, de reivindicación de estilos diferentes, minoritarios, o plebeyos. Simplemente se han subido al carro de lo que ahora mismo es popular para intentar diferenciarse del público minoritario y sentirse nuevamente especiales, en un nuevo antielitismo elitista.

Lo que tenemos es un nuevo concepto de "buen gusto" en el que la palabra "deprejuicio" es otra medalla para diferenciarse del resto, en este caso la afirmación de lo popular.  Es el caso del reggeaton, un género demonizado y ahora convertido en la verdad más profunda de lo "popular", ignorando que precisamente la crítica está reconociendo un género, justo en el momento en el que está arrasando con todas las músicas minoritarias y plebeyas de latinoamérica, y se está convirtiendo en la piedra angular de la industria musical depredadora norteamericana.

De repente J. Balvin es lo mas top, y en los medios independientes se ha conseguido crear la justificación para apostar por un reaggeton de primera y cool, basado en justificaciones estéticas y artilugios técnicos de la vaguardia de la música electrónica,  que consiguen satisfacer el oído posthipster (pero no por ello menos hipster) ávido de consideraciones que den a la música ese puntito distinto, pero disfrazado de desprejuicio y desenfado, y por otro lado un reaggeton de segunda, el que escucha tu abuelo, o tu jefe,  para los que no son cool, como por ejemplo "Despacito".

El caso es que este tipo de consieraciones de hipsters reaggaetonfriendlys justifica y fundamenta el que en los festivales cool se metan guindas descontextualizadas, en medio de festivales en los que el contexto es el de estudiantes blancos, profesionales liberales y gente del mundo del arte y el mundo audiovisual, a los que mayoritarimente les importa bastante poco la cumbia chicha, el  tamborito panameño,  el festejo, el landó, el panalivio, el socabón, etc. 



Hemos dejado un rinconcito en nuestro mundo exquisito,  para demostrar al mundo lo abiertxs y lo interclasistas que somos, y así poder dar lecciones al mundo de que el reguetón es el nuevo pop y toda la retahíla de justificaciones de todo tipo, mientras en la música popular latinoamericana está siendo arrinconada por una fórmula estereotipada en manos del mainstream norteamericano, que se está imponiendo hegemónicamente y en la se venden los valores de éxito de las estrellas del pop anglosajonas.


Por eso, siempre hemos desconfiado del ámbito cultural hipster, por mucho que ahora se revuelva contra sí mismo. En realidad están afirmando la misma status elitista de siempre, con un salto aún mucho más perverso. Creen que ahora están con el sentir popular.

Sinceramente, me parece mas honesto el intelectual obsesionado con las vanguardias y con el pop exquisito, que muestra ese mundo en sus canciones y que intenta autogestionarse y crear una cultura underground en un contexto real, que el que intenta disfrazarse de otra cosa para mostrar falta prejuicios como un valor para diferenciarse.




El eterno retorno de la disrupción. Por una refundación de la rebelión

En occidente hay una tradición ortodoxa, conservadora, esencialista, puritana, inmovilista parmenídea, que intenta mantenener un vínculo entre lo estático, la realidad y unos valores esenciales inmóviles. Pero durante siglos ha habido una eterna pugna, entre parmenídeos y heraclíteos, los últimos defensores del devernir, del cambio, del acotececimiento, la singularidad frente a un principio de identidad rígido y excluyente. Esa contra-tradición ha ido fluctuando a lo largo de la historia cíclicamente y siempre se ha manifestado en oposición a ese orden y ha sido perseguida por él, en muchas ocasiones ha muerto antes de nacer y en otras se ha conseguido mantener en la clandestinidad durante años.

El siglo XX fue un siglo de pugnas ideológicas como nunca había habido en la historia. Movimientos culturales iconoclastas, vanguardias, revoluciones, guerras culturales, una ruptura que fragmentó el discurso hegemónico abriendo la posibilidad para que ese devenir saliera a la superficie. Pero nuevamente llegó la solidificación parmenídea, reconfigurando el acontecimiento, en una nueva identidad, en una nueva redefinición continua. Nuevas disidencias, nuevos dogmas, una máquina de readaptación en forma de mercancía, la diferencia y la singularidad reducida al absurdo.

El sigo XXI necesita replantearse cual es la nueva expresión cultural que pueda erigirse en una máquina de guerra contra la apropiación de la singularidad y la diferencia, y para ello ya no nos sirve lo que la última gran resistencia ha mantenido en el underground, toda esa tradición "la cultura punk". Tal vez hay que utilizar lo que tuvo de válido en base a las nuevas resistencias que se han ido incorporando al underground y que han construido las nuevas formas de oponerse.

Las nuevas resistencias pasan por comprender cual es el lugar de todxs nosotrxs en la globalización tenocapitalista que se apropia continuamente de la novedad, en desvíos hacia nuevas singuralidades e identidades no gregarias, en crear nuevos vínculos y contrapoderes que no se dejen capturar por el mundo online, así como comprender cómo podemos lidiar con ese mundo para sacar el máximo provecho de él.
Es necesario refundar esa tradición iconoclasta, libertaria, en un movimiento-herramienta capaz de resignificar todos los devenires que estamos viviéndo, con todos los elementos libres que ya están en guerra y que no se han dejado captar.

Igual que las vanguardias intentaron nombrar lo innombrable, creemos un grito, verbalicemos lo imposible, sólo como una herramienta útil, que nos sirva como reconocimiento del lugar en el que estamos y de nuestra voluntad de dar vida a esa contra-tradición. La disrupción de nosotroxs, libre, autónoma, no apropiada por el mercado, no nombrado por la anarquía del sistema, sino por la anarquía que hay en nosotroxs.

Hacemos un llamamiento a todas las expresiones culturales disidentes, a refundar el concepto de rebelión, a construir una herramienta que como mínimo durante un tiempo nos puedan servir para dar voz, para unir, a todxs los movimientos divergentes, para que no caigan en la confusión entre la apariencia de "lo nuevo" lo "disruptivo", "lo revolucionario" que quiere el sistema parmenídeo, dogmático, normalizador. Que nadie pueda apropiarse de lo inesperado, que nosotrxs podamos posicionarnos de su lado y oponernos a los que intentan transfigurarnos en una pieza más del sistema.


Sólo hace falta un grito, un nombre que sirva de llamamiento, y saldremos de nuestras cavernas para romper de nuevo con todo.




¿HAY OTRA ESCENA? ¿HAY OTRO MUNDO AHÍ FUERA? EL MOVIMIENTO OFFLINE



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Después de la promesa de liberación que nos traería internet con la que creció toda una generación, casi la generalidad de escenas y movimientos ya se han introducido en la red, e incluso algunos han nacido directamente dentro. El meme nos dijo " dentro de internet eres libre, puedes hacer lo que quieras, puedes darte a conocer sin dinero, sólo necesitas un buena idea". Pero a día de hoy tenemos una realidad que comienza a mostrarnos el reverso tenebroso de todo esto. La autogestión que nos prometían, la libertad absoluta, se ha convertido en la publicidad que hacen las grandes marcas con nuestros contenidos a cambio de dar a conocer al mundo nuestras obras. El problema es que el significado de estas obras una vez subidas a la red se transforma automáticamente. El medio modifica el mensaje, y en este caso el mensaje de los contenidos de internet es solo una excusa para que la gran corporación GAFA* los convierta únicamente en publicidad y propaganda de la ideología dominante.  

Somos partícipes en mayor o menor medida de una idea de underground que vende  ruptura con todo, pero que paradójicamente nace muerta y hecha producto. Todo cabe en internet, todo es posible, vive como quieras, expresa tu singularidad, la revolución está siendo digitalizada. Pero éste es un cambio impotente para transformar nada, ya que lo único que hace es satisfacer las exigencias de un mercado minoritario y exclusivo que compra productos supuestamente underground y rompedores, pero que no tiene conexión con un entramado cultural real.  Así en el underground online tendemos a reproducir esta inercia sin cuestionarnos que lo que realmente fomenta son formas de vida virtuales sin conexión alguna con el mundo offline. 

Lxs jxvenes modernos herederos de la ideología de Silicon Valley, lx“startuppers”, lxs “colaboradores creativos”, lxs “autoemprendedores autónomos”, lxs yutubers e influencers, en definitiva la "clase creativa", todo puesto al servicio de la creación de productos culturales adaptados a una minoría de consumidores cool completamente compatible con un mainstream a la carta en un mercado global expuesto en la red, que siempre se va adaptar a nuestros deseos. Todo tiene precios diferentes, pero vale lo mismo éticamente y culturalmente, es decir nada. Por eso el éxito  se autojustifica y ese es el único criterio para la valía del algo, sea dentro de la cultura underground o mainstream. 

Lo que hace años nos permitía la posibilidad de liberarnos de las grandes corporaciones, se ha convertido su reverso. Todo producto cultural, por muy transgresor que pretenda mostrarse, se convierte en un bien de consumo, aprovechado por los grandes medios y por lo tanto resignificado como un símbolo del éxito del tecnoliberalismo

¿Quedan espacios autónomos capaces de generar discursos y formas de vida contrahegemónicos? Pues sinceramente en este momento estamos en un punto de inflexión. La cultura "a la contra", esa cultura libertaria (crítica y capaz de mostrar oposición a la cultura oficial) de la que somos herederxs, necesita urgentemente combatir y generar nuevas estrategias fuera de la red. Crear medios de difusión que estén fuera del control de las corporaciones, y tal vez, tomar el ejemplo de las éticas de consumo  alternativas (por ejemplo en el mundo de la agricultura), que intentan hacer sostenible una producción de cercanía, con todos los inconvenientes que ello acarrea, pero con la posibilidad de generar unos productos que desafían las lógicas de explotación. 

El primer paso es salir de la red, o bien utilizarla para crear un desvío hacia el mundo real, y comenzar con la reconstrucción de ese espacio devastado, el de lo cotidiano, el de las relaciones culturales hechas con personas, con palabras y con cosas, utilizando herramientas y medios, tal vez olvidados o desfasados. O tal vez, inventar otros medios nuevos que permitan que los artefactos culturales nos pertenezcan de nuevo, y que no trabajen para nuestra propia alienación. 

La creación de una nueva cultura offline, será un proceso lento que necesitará persistencia, pero el primer paso será el de dejar de vivir engañados, bajo la falsa apariencia de que internet y sus productos culturales tienen una capacidad transformadora y darnos cuenta que en realidad estamos avanzando hacia todo lo contrario.

Ya hay gente en camino en los intersticios del control telemático. Hay gente que está creando otros artefactos culturales, creando espacios de interacción personal, recomponiendo redes sociales reales, dejando de entregar su cultura a la red, para devolverla a la gente.


GAFA es un acrónimo que agrupa a las empresas más importantes que operan en el mundo digital. Estas compañías, Google, Apple, Facebook y Amazon, tienen el poder absoluto en la información digital.

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