Fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta en Vaciador

¡El viernes 7 de Abril hay una nueva fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta!






Ya se acerca la fecha de una nueva fiesta Aplasta tus Gafas de Pasta. Después de un año de actividad frenética, en el que hemos editado el disco de Esquimales y tres recopilatorios, además de haber organizado dos fiestas, nos disponemos a celebrar por todo lo alto que el underground sigue recuperando plataformas, redes y lugares de encuentro donde poder generar discursos críticos y alternativos al pop hegemónico. Será el próximo 7 de abril en Vaciador. Comenzaremos muy pronto, sobre las 19, y a esa hora tendremos un breve encuentro de fanzines organizado por Andrea Galaxina, que tiene como fin que nos conozcamos y pongamos las bases para celebrar un futuro festival de autoedición independiente en la ciudad. También habrá una pequeña feria, en la que quien quiera podrá vender sus publicaciones, en ella además presentaremos un nuevo número de nuestro fanzine Juventud Crónica.

Si quieres apuntarte para vender tus fanzines durante la fiesta puedes hacerlo rellenando este Formulario.





A continuación comenzarán las actuaciones. En primer lugar tendremos a Cosmo K, uno de los grupos de pop mas interesantes surgidos en Madrid en los últimos años. Reivindicando el espíritu DIY, los fanzines, el indiepop primigenio como actitud, y sobre todo las canciones, poniendo la maestría y el saber hacer, fuera de las fórmulas del indie normativizado para su consumo en festivales.






Y para terminar la tarde-noche, tendremos la suerte de contar con Billordo, un artista argentino representante de ese under latino, que tanto nos fascina en los últimos años, y que continua su gira mundial en Madrid. Lleva el antifolk o antipop como una forma de vida, cantando solo con su guitarra a través de todo el mundo, con un humor único, sobre los problemas y ventajas de ser un outsider, con todo lo que ello implica, aunando la crítica hacia el negocio de la música, a cómo nos organizamos, más allá del circuito de festivales, e incitándonos a tomar postura frente a cuestiones que relacionan formas de hacer musicales con la política y la sociedad que nos rodea. 



Indie y trap. Amor a primera vista

El trap, uno de los fenómenos músico-virales de los últimos años, ha tenido dentro del mundo indie-hipster a muchos de sus mas fervientes entusiastas, mucho más incluso que géneros supuestamente cercanos como el hip hop. ¿A qué se debe esta curiosa aceptación entre géneros que están tan alejados? Para resolver esta pregunta es necesario entender que ambos, trap y cultura indie-hipster escaparon del tejido real que sustentaba sus escenas de origen, hip hop en el caso del trap, pop-rock independiente en el otro, para propagarse mediante fogonazos en el ámbito de tendencia, y allí se han encontrado.

Los indies cansados de años de Animal Collective y electrónica pusilánime y heteroaburrida, reclamaban con anhelo la espontaneidad de la juventud y una rebeldía adecuada a los tiempos neoliberales que corren. Marginalidad pero sofisticada, no la guarrería del punk, el hip hip callejero politizado, o del jevi calimochero, eso nunca. El trap en españa, inicialmente tuvo su eje difusor en  colectivos reales, muy localizados, concretamete en cataluña, pero la difusión en red, instantánea y transversal propia de la era millennial, evitó la generación de un posible movimiento de militancia underground a largo plazo, y permitió en poco tiempo, que el trap pasase de ser un fenómeno exclusivamente juvenil y marginal, a ser difundido y asimilado con entusiasmo, por capas de población más madura y de clase media alta.  Así se dío un curioso maridaje. entre la pobación inmigrante y multicultural de barrios como el Raval de Barcelona y los nuevos vecinos blancos y con dinero, que contemplaban lo marginal como un modo de vida cool, una oportunidad para emprender en negocios alternativos y vivir una vida arriesgada y alejada del establishment.

Ambos ambitos culturales hermanados, son dos caras de la globalización, la de los ganadores y la de los perdedores, esta vez unidos por un sueño, una oportunidad para petarlo. El ejemplo de estos chavales fue revelador para la modernidad neoliberal sin complejos, sin miramientos, sin contemplaciones, sin impuestos. Quieren putas, quieren pasta, quieren drogas, quieren comerse el circuito de festivales de tendencia y se la suda el rancio arcaico y purista hip hop, tanto como a los indie-hipsters se la suda el Popfest o los viejos Teenage Fanclub. Por lo tanto, estas dos culturas aparentemente antagónicas, son dos caras de la misma moneda, y forman parte de un engranaje que funciona a la perfección en el mundo de lujo y miseria que nos promete este siglo 21. Globalización y nacionalismos, fascismo y anarquía en un todo complementario e indiscernible, en definitiva, la era de Donald Trump y la posverdad.

Por eso, el amor ha sido a primera vista. Hay que molar, hay que ser reconocido en el mundo millennial, hay que estar con el trap, el trap salvará al indie y así el mundo indie-hipster seguirá teniendo la hegemonía blanca, occidental, heteropatriarcal, capitalista, el reconocimiento, y además el beneplácito de la marginalidad de su parte. Peluquerias en el Primavera Sound te harán el peinado de Yung Beef mientras ves a Los Planetas. Una marginalidad construida por quien pone la pasta.




Tendencia y política en el indie. La perversión del hipsterismo contestatario


 


Mas allá de que el concepto de música politizada o política, haya sido asimilado en el mundo de la tendencia, es necesario saber distinguir qué prácticas políticas y éticas pueden sustentar un mensaje político, y para ello es fundamental saber cuestionarnos cuáles son esa prácticas, qué es lo que hacen o dejan de hacer los grupos para mantener viva una escena, cómo se crean redes de apoyo y qué compromisos mantienen con diferentes colectivos, y agrupaciones políticas. Pero el hecho de que se hable de ciertos temas, y que se lancen proclamas, no significa que una politización real y una conciencia crítica haya calado en el indie. Muy lejos de la realidad, la capacidad de compromiso y contestación en el mundo de la música, mas allá de pequeñas escenas muy cohesionadas, brilla por su ausencia. No hemos sido capaces de crear un movimiento que sirva de vehículo a las luchas sociales, nos hemos quedado en una mera representación de una rebeldía impotente, y en vez de reaccionar contra un estado de cosas y confrontar ideas, nos hemos ido adentrando en espacios en los que la autocrítica y la disidencia solo son tolerados estéticamente, a condición de que no tengan ningún contenido real y que no vayan vinculados a ningún desafío al orden existente. Y nos enfrentamos a una situación, en la que una élite del indie, la que es denominada hipster o gafapasta, se ha ido a ido apropiando de mensajes y formas estéticas que anteriormente eran casi exclusivas de movimientos musicales como el punk, el rock urbano, el hip hop, pero la diferencia esencial, es que dentro de estos movimientos, las formas estaban inscritas mayoritariamente en un contexto material, en el que la crítica política representaba un cuestionamiento y un replanteamiento de esas prácticas.

Estas proclamas y formas políticas asumidas por la tendencia, suenan estéticamente mas agradables a las clases medias que perdieron su poder adquisitivo con la crisis, y les acercan a sus referentes indies, además llevan la música española a la normalidad de la música internacional, donde incluso en el mainstream una hay una influencia entre música y política mas normalizada. Sin embargo, el que un mensaje político se vuelva estético perdiendo su carácter transgresor, puede conseguir un efecto perverso, ya que las élites son capaces de asumirlo como propio, interceptando así las críticas que se pudiera hacer a estas élites desde las clases populares o colectivos desfavorecidos.
¿Cómo entonces criticar a la modernidad elitista de Nueva York, si esta modernidad representa los valores mas progresistas, mas rupturistas y radicalmente izquierdistas? Cuando el ámbito cultural hipster se apropia del mensaje de los de abajo sin tener en cuenta a los de abajo, al final los de abajo no pintan nada, se quedan sin nada que reivindicar.

Hay una clase media que se ha precarizado y ahora se queja y adopta mensajes de izquierdas, pero sus quejas tienen una mayor amplificación mediática y un mayor prestigio cultural hegemónico ¿dónde quedan entonces las quejas de los que ni siquiera tienen esos medios? ¿dónde están las alianzas con los que están fuera del sistema, las redes de apoyo, el desafío a lo establecido, la búsqueda de formas alternativas de organización ¿dónde está el riesgo de perder el prestigio musical y fracasar por unas ideas, si estas ideas no son capaces de confrontar ni de poner en riesgo nuestro estatus, sino que forman parte del propio prestigio y de la aceptación?  Ésta es la perversión del hipsterismo contestatario.

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