El indie y la política

Es muy lejana la época en la que el término indie tenía una implicación política y social. Como todo movimiento artístico que se precie, una de las cosas más importantes que se pone en juego, es la intersubjetividad, la salida de la parálisis en la que se ven envueltos los individuos cada dia, la creación de un discurso compartido que explique un tiempo, una forma de ser, unos deseos que comparten los habitantes de una época determinada. Hacer indie era una forma de interpretar esa consigna heredada del punk de la autogestión, de la creación sea como sea, aunque no haya medios ni guitarras buenas, ni revistas adecuadas, ni tiempo para aprender a tocar, libre de presiones. La expresión en su máximo grado de urgencia, la captación del momento que se va y que es mejor contarlo vivo y mal, que contarlo muerto.
El punk en su vertiente más combativa, o sea el hardcore, extremó su activismo político y funcionó como una red de enérgicos altavoces de la crítica al sistema capitalista. Había ganas de revancha en los años 80, en medio de una generación de hippies que habían vendido el sueño de un mundo mejor, y habían entregado a sus hijos un mundo completamente materialista y feroz. La música era un síntoma de lo que estaba pasando, y el rock se había convertido en esa música que escuchaba la gente mayor. Frente a esto se crearon dos faciones muy diferentes; por un lado los que adoptaron una actitud cínica y frívola y se aprovecharon mas menos de la cultura del pelotazo, y por otro los que propusieron seguir creyendo en un sueño perdido, y se propusieron empezar de cero y crear una música y una actitud auténtica y renovada. Los últimos crecieron a la sombra de ese rechazo del hardcore hacia el mundo, pero ampliando sus espectativas musicales y estéticas hacia lo que siempre había sido la contracultura antes de convertirse en puro negocio.




Las referencias eran claras, todo el pop y  rock underground de los años cincuenta, sesenta y setenta, con una clara querencia hacia los grupos malditos y más experimentales. Ese nuevo movimiento adoptó unas formas que en un origen compartían casi todo con el punk, pero poco a poco se fue abriendo al ruido, a la psicodelia, a las vanguardias, etc. El pop volvía a tener un tono desafiante y era una de las pocas formas de expresión por medio de la cual los jóvenes expresaban otras formas de estar en el mundo.


Esta escena murió poco a poco, mientras lo que empezó siendo un juego, pasaba a formar parte de un público cada vez más masivo y convencional. Hoy en día hay la gente que intenta expresar su propio mundo a penas tiena cabida. Ha triunfado la convención, el estereotipo, la mediocridad, el miedo a ser diferentes, la seguridad, el canon, el clasicismo, la vieja moral, la modernidad dirigida por revistas de tendencias, lo mismo de siempre, la misma historia.


La historia ha llegado a su fin, porque ya nadie tiene nada que contar. Esa sensación de que todo está ya escrito, es producto de que nuestras vidas ya  no interesan a nadie, porque ninguna experiencia es digna de ser elevada a lo inigualable, porque ya nadie quiere cantar ni elevar su voz por encima del resto, porque no hay ningún momento en el que la gente deje de hablar y deje de escuchar el ruido de  fondo para ponerse a escuchar la experiencia de otro, porque nadie siente empatía y se han olvidado de que si no intentan entender a los demás, tampoco van a saber nada sobre si mismos. Ya no existe la sabiduría, ya no existe la humildad suficiente para ceder el protagonismo a un otro. Nos vemos pasar; vemos los dias pasar, la vida volando, como dice esa reveladora canción de Lentejas los viernes.

3 comentarios:

Daniel de la Mancha dijo...

Bueno no todos, no todos!
Aun quedan reductos que resisten, y lo hacen de una forma que aunque pueda parecer ridicula, sellos CDR, fanzines, paginas de myspace y blogs, cuanto menos sean y menos se les escuche, más heroico resultará, y más de agradecer también.
No se si todo estará ya escrito, pero normalmente la gente que defiende esta máxima son gente sin imaginación ni creatividad, gente dispuesta a aprovecharse del desánimo para justificarse su propía mediocridad.

Anónimo dijo...

Disculpe mi ignorancia pero... ¿Quiénes son los de las fotos?

Absurdista dijo...

La primera es Kathleen Hanna, lider del grupo Bikini kill, activista y escritora, creo el movimiento feminista de las Riot Grrls; la siguiente foto es un concierto de uno grupo de los grops de hardcore más comprometidos y críticos de la escna de washington: Minor Threat; los terceros representan el indie pop escocés más fancinero y amteur, y la última foto es de un grupo de ahora, llamdo The Horrors

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