No solo música

Desde siempre nos han asegurado que el pop y el rock son música a secas, y de hecho así viene etiquetado en las tiendas, en las revistas y en la radio, pero lo cierto es que si lo analizamos un poco, nos daremos cuenta enseguida de que esta contaminado por otras disciplinas artísticas.

Habría tal vez que considerarlo como un conglomerado que incluye aparte de música, otras formas de arte como son la literatura, la fotografía, el cine e incluso en ocasiones la pintura. Y aunque es verdad que teóricamente podría separarse el producto de audio (incluyendo la literatura) de cualquier contaminación visual, en la práctica, exceptuando el caso de la radio, esto resulta bastante poco común y poco rentable también.

Schubert

Schubert pensaba que la música que incluía una letra cantada era menos noble que la música instrumental, y la consideraba en cierto modo indigna. Y como él muchos otros compositores clásicos compartían esta idea porque pensaban que la inclusión de letra en la música contaminaba la pureza de la misma como forma artística, y obligaban al autor a desviarse de lo meramente auditivo para centrarse en un contenido más propio de los cuentos y de la poesía. En el pop sin embargo esta impureza se da por hecho, y nadie le da demasiadas vueltas.


Podríamos decir que cuando oímos una canción melódicamente alegre con una letra triste, estamos perpetrando una injusticia sobre la pureza musical de la pieza, ignorándola o despreciándola como medio de expresión por si misma. Pero si lo pensamos con detenimiento ¿Quién juzga si una melodía es triste o no? Habría que ver si se puede considerar que ciertas sucesiones de notas tienen de verdad la capacidad de expresar un estado de ánimo. De todas maneras lo cierto es que el autor pretendía demostrar tristeza con sus notas aparentemente alegres, y si la letra no lo aclarase, podríamos haberle entendido mal. Me pregunto si un bosquimano al escuchar la novena sinfonía de Beethoven sabría que es un himno a la alegría. Por usar una analogía sencilla, cuando vemos un paisaje otoñal, sentimos melancolía, pero el autor no tiene porque haber querido expresar eso, podría perfectamente ser un cuadro alegre, y nuestra interpretación completamente errónea. En realidad solo la literatura en mi opinión es capaz de auto explicarse a si misma, aunque carezca de la emotividad de otras formas artísticas tiene esa ventaja sobre ellas. Por eso la música y la pintura (esta última sobre todo) acaban apoyándose casi siempre en contaminaciones literarias, que van desde un simple titulo hasta en los casos más exagerados de cientos de libros explicativos.

Kandinsky

Pero dejando estas divagaciones aparte, lo cierto es que en el pop además de la contaminación literaria que podría considerarse como una polución enriquecedora, hay otras contaminaciones menos nobles, que imagino que hubiesen espantado a Schubert en su día, como es la de la imagen de un grupo: su físico, su ropa, y hasta su forma de bailar. Estas imágenes que acompañan a la música, las portadas de los discos, las chupas de cuero, o los anoraks, y hasta si el cantante tiene bigote o no, nos influyen, nos guste o no, a la hora de decantarnos por unos artistas o por otros.

Babyshambles con una pose de lo más natural

El problema radica en que mucha gente antepone estos juicios estéticos a los juicios musicales y literarios. En general este interés suele ser bastante superficial y se suele centrar en el atractivo de los músicos, y muchas veces tiene más que ver con la sexualidad o con la simpatía, que con el arte en si mismo. En mi opinión esto no debería nublar la calidad de la música. De hecho en numerosas ocasiones es la gente desastrada y fea las que hace obras más interesantes. Es un desastre que la gente se deje llevar por asuntos tan triviales como los bigotes, y se antepongan grupos estéticamente agradables pero musicalmente vulgares a otros estéticamente vulgares pero musicalmente interesantes. El indie que precisamente por eso solía ser cosa de feos, ahora por desgracia es un espanto de tíos con pantalones de pitillo, patillas, gafas de pasta y niñas monas con vestiditos.

Los discos del sello Birra y Pediz tienen el aliciente de
que me encantan sus portadas y su diseño artesanal

No quier decir con esto que la imagen no pueda enriquecer la música y las portadas de los discos son un ejemplo claro de esto. A todos nos gusta que un disco tenga una portada bonita, al igual que nos pasa con los libros. Pero aun así, algunos de mis discos preferidos tienen portadas espantosas, y sus creadores son gordos bajitos y feos. Así que me podrán decir lo que quieran acerca de la importancia de la imagen en la música, que para mi, es mínima, o al menos procuro que sea lo más mínima posible...

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