El arte como producto y el arte como forma de vida

Nietzsche es el gran filósofo del arte, uno de los primeros en dar a la filosofía un nuevo status, más allá de la búsqueda del conocimiento y la verdad dependiente de una supuesta ciencia que completara el saber sobre el hombre y el cosmos a la manera de Hegel. La filosofía no buscaría algo eterno e inmutable, independiente, seguro, fijo, sino que actuaría a la manera de la creación artística más radical. Pero en el fondo esta creación artística radical no es inherente al arte mismo, sino una idealización de un supuesto arte creativo inspirado en una supuesta forma de entender la vida en los primeros tiempos del pueblo griego, antes de la separación que Sócrates y otros filósofos realizaron entre mundo verdadero y mundo aparente, verdad y mentira, ciencia y opinión. Algo que para Nietzsche era una separación moral producto de un proceso de desvalorización del mundo causada por una humanidad cansada de vivir, que ha ido desconfiando cada vez más en sus propias potencialidades y necesitando de unas certezas cada vez mayores para justificar una existencia injustificable y absurda; un proceso que se ha ido agravando a lo largo de la historia con un desenlace en el que las propias certezas han dejado de valer para nada, y ya nadie cree en ellas. Por eso Nietzshe busca en los orígenes de la vitalidad de un primigenio pueblo griego una forma de vida creadora, autónoma, legisladora, afirmadora de la propia existencia.

El arte ha sido a lo largo de la historia un producto igualmente decadente, al servicio de la religión, de los estados y de la propaganda. La autonomía del arte se revindicó a partir del romanticismo como una actitud vital, no como un trabajo servil que produce obras impersonales. El arte empezó a identificarse con el artista, como una forma de entender la vida que podía medir el mundo desde la perspectiva del individuo, frente al estado, la religión, la metafísica, la ciencia. El individuo debía defenderse frente a toda creencia y servilismo, creando valores, formas de vida,  un torrente de continua expresión en el que el fin no eran los productos artísticos, sino que esos eran los medios para un fin vital y transformador a un nivel que superaría la devoción religiosa. Las vanguardias radicalizaron este mensaje y en cierta manera la contracultura ha llevado esta tradición a casi la totalidad de la  juventud occidental de la segunda parte del siglo siglo 20.

Señor Chinarro era un ejemplo de este espejismo de artista autónomo. Era una de los últimos bastiones de independencia artística y creativa. Sus conciertos ejercicios de libertad a los que yo iba a ver al artista en su máxima libertad. Esos momentos nunca llegaban a ser ejercicios de estilo, ni repeticiones descafeinadas de largas sesiones de ensayo; aquí se venía a experiementar, a ver al artista con todas sus grandezas y con todas sus miserias, en los días malos y en los días buenos, sin esperar nada a cambio, sólo queríamos acompañarle, porque en el fondo amábamos su forma de sentir y queríamos compartir la representación de su propia vida.
El arte era el medio, no el fin. El arte surgía como residuo de un fin mayor: el artista.

Si el arte puede llegar a ser una forma de vida y crear un hombre nuevo, todo el que viva como un artista será capaz de crear arte: en eso consistía una de las máximas implícitas del punk, y a causa de esto la sucesión de conciertos desastrosos, grupos creados por "no músicos" y arte creado por "no artistas". Solo había que crear una vida propia, y todo lo que hicieras podría llegar a ser artístico.

Esa experiencia la tenemos todos cuando somos niños y la cultura, familia, estado, muchos de nuestros profesores etc.., se dedican a acabar con ello hasta que nos convertimos en seres incapaces de crear, y solo podemos valorar productos acabados considerados arte por el grupo prisa, la rock de luxe o vete tu a a saber quien, y acabamos pidiendo a los artistas que hagan arte y dejen lo de ser artistas, que tengan una vida normal, aburrida, que voten a al psoe o al pp, que toquen en el primavera sound o en benicassim, que saquen un disco cada año y que toquen bien, que para eso hemos pagado por su producto.

Esta experiencia creativa es algo en lo que la música independiente algún día creyó, pero ante lo que ha ido cediendo poco a poco, en busca del producto comercial asimilable, para un público que se ha ido difuminado en medio de un mercado uniformizado,  pero que encima se vanagloria con orgullo de su diferencia y superioridad estética y moral,  sólo marcada por el snobismo y el oportunismo. Pero algo es más hiriente todavía: la alegación anarquista de nuestra libertad de criterio, que curiosamente nos lleva a que nuestro individualismo extremo e inalienable, actúe de tal manera que todos acabemos haciendo lo mismo, comiendo lo mismo, bailando lo mismo, escuchando lo mismo, opinando lo mismo.

12 comentarios:

Igna dijo...

No sé si estoy pillando bien la idea de este post,pero ya adelanto que me resulta interesantísima. De aquí en adelante advertiré que voy a citar continuamente a Alberto Olmos

No estoy deacuardo con lo que dices, porque creo que estás insinuando que ha de considerse fundamental para la lectura de una obra de arte el conocimiento de la intimidad de su autor, y que tiene de proliferar mucho más la calidad de la intimidad del autor que la calidad de su obra.

No deja de ser simpático, también, la posibilidad que en un mundo como en el que vivimos (sociedad del espectáculo) tiene un creador de crearse a sí mismo, de ser su mejor obra, dejando su "obra real" como un mero satélite que le da las vueltas. Muchos encontrarán deliciosamente postmoderna esta idea: estar en casa, no pintando o escribiendo, sino diseñando al que pinta o escribe, y luego pintando y escribiendo (con menor esmero), para resultar en un producto con artista peculiar incorporado.

Sin embargo, me pregunto qué diría eso de nosotros.

En cuanto el punto de mira se aleja del producto cultural, y se fija en su autor, que a su vez es un producto cultural, pero no reconocido, se produce el efecto pernicioso de estos tiempos tan interesantes que vivimos: reconocimientos para creadores en virtud de lo que son, y no de lo que crean.

Así las cosas, el siguiente paso es que determinados artistas dejen de crear, sin dejar por ello de ser "artistas", lo que según mi punto de vista sería muy de agradecer.

absurdista dijo...

Entiendo, en primer lugar, no me refería tanto a la intimidad sino a la intención o la actitud cradora, más que al acto de crear en si. Pero a la hora de valorar eso es verdad que hay un gran problema:¿se podría valorar a un artista sin obras de arte?, seguramente no. Es parecido a si se puede valorar si una persona es buena o es mala, sin analizar sus actos. El Señor Chinarro no sería artista sin sus discos y sin sus conciertos, en eso estoy de acuerdo, porque entendemos el arte como una producción de algo materializado de una determinada manera. Pero lo que quería plantear es que esa capacidad de representar lo inefable que tiene el arte, podría llegar a ir más allá de una profesión, especialización o técnica, para abarcar otros aspectos de la vida, como el conocimiento, que tradicionalmente despreció la creatividad artística, la política, las relaciones humanas etc.. Creo que es necesario que todos mostremos algo de lo que somos, manifestando cosas, haciendo cosas, pero quería diferenciar el punto de vista técnico -que se orienta hacia un fin-, del punto de vista creativo, desde donde el individuo se enfrenta al estereotipo. Creo que el concepto de "excelencia" con el que nos bombardean mediáticamente, es una distinción clasista y dogmática de un punto de vista acabado y finalístico de lo que se debe ser y se debe pensar. Un último intento de creer en algo, en un mundo en el que creer en algo es increible.

Los artistas existen en cierta manera, conozco muchos que llevan vidas artísticas sin crear arte. La valoración no proviene de la sociedad, generalmente el artista no es reconocido, porque desafía queriendo o no, muchos de los valores, dogmas y creencias, ya que crear implica mostrar nuevas perspectivas y formas de ver el mundo que antes nadie había visto, y eso suele ser muy incómodo.

Generalmente el artista produce obras sin querer, y eso en un primer momento no suele ser considerado arte, pero cuando la sociedad está preparada para entender esa nueva perspectiva el artista es reconocido y sus obras pasan a ser arte.

absurdista dijo...

...es en ese momento, cuando el artista tiene la tentación de ofrecer algo de una manera promeditada, es decir, no hacer algo porque le sale de dentro, sino porque le gusta a la gente, con lo cual, su arte ha dejado de ser parte de su vida, y se convierte en un profesional de las demandas del mercado.
Solo hay que ver como gran parte de la música independiente ha pasado de ser algo desagradable y poco querido por la gran mayoría a generar un sentimiento de culpa y vergüenza en los propios artistas que han confundido el no reconocimiento y el desprecio como un defecto de ellos mismos, identificando la no popularidad con la mala calidad de su propio arte..
Ha hecho mucho daño la contrareforma del mercado mainstream que ha desarmado ideológicamente al underground de sus propios presupuestos, pervirtiendo su mensaje desde abajo, adentrandose en el underground con críticos revistas y la nueva radio 3 por ejemplo; enviando mensajes como el de la aceptación, la excelencia, el esfuerzo, la profesionalidad, confundiendo a las nuevas generaciones que cada vez viven más en un presente desconectado del pasado, y por tanto sin armas de contrastación para saber que las cosas que pasan ahora no han sido siempre así y tampoco lo van a ser; encerrándoles en en un pragmatismo pánfilo.

HoffaMM dijo...

Creo que era necesaria esta aclaración. Ahora queda mucho más claro tu discurso.

Ginna dijo...

Entonces, lo que entiendo es que dices que esta sociedad marca las sensibilidades artísticas de los creadores. Y es por eso mismo por lo que un creador está negándose de antemano. Por tanto, tu lucha no es contra los artistas sino contra los tiempos que nos ha tocado vivir a todos. Creadores o no.

En eso tienes razón, pero esto lo entiendo a partir de las explicaciones que has dado en los comentarios, no de la idea primera del post
Perdóname si te estoy desviando del tema. De verdad que no sé si lo estoy entendiendo por otro lado, pero lo primero que me viene a la cabeza es la figura del mecenas. Figura que existe desde hace varios siglos. El dinero domina. Y alguien que tiene algo que decir al mundo está deseando que lo patrocinen, porque el arte es para los demás. Y quien diga que está dando su arte gratis, miente: lo da a cambio de que la sociedad lo considere artístico. Y en la mayoría de los casos no lo es

HoffaMM dijo...

El mecenas esistía porque los pigmentos, o el marmol, por ejemplo, era muy caro. Una vez tu tienes los materiales para crear tu propio arte, no necesitas un mecenas.
Ademas, no es lo mismo crear algo que ya tienes vendido de antemano(es el caso de los artistas que trabajaban para los mecenas), que crear algo para poder venderlo.(en este caso el artista suele terminar vendiendo su propia alma por poder seguir creando algo que hasta el mismo desprecia)

El problema de este último punto, es que el artista pasa de ser artista a ser artesano. Lo que Absurdista nos esta queriendo decir(creo), es que si ya era malo que esto sucediera, aun es peor que en estos tiempos que corren, los artistas no solo se combierten en artesanos, sino que encima de no darse cuenta de su error, desprecian a los creadores libres.

ginna dijo...

Bueno, pero quien da a conocer las canciones, en estos tiempos que corrren son los sellos discográficos. es una mala interpretación por mi parte de lo que hoy puede ser un mecenas. El que patrocina y divulga el arte.

Y yo hago 15 canciones, me ficha una discográfica que me guste y me pongo más contento que unas pascuas. Yo y 500 grupos más que estén por el myspace con 60 escuchas. Y no por eso creo que se debieran llamar artesanos ¿no?

Daniel de la Mancha dijo...

Habría que matizar entre distintos tipos de mecenas, y de discográficas.

No es lo mismo la filosofía de Sony que la de Rough Trade, y no es lo mismo la de Rough Trade que la de Sarah, y la de Sarah no tiene nada que ver con la de Asaurus, y así sucesivamente, hay maneras muy distintas de promover el arte dentro de un mismo mercado, o de crear mercados nuevos.

Por desgracia muchos artistas adaptan su obra a una noción particular del mercado, sea para bien o para mal. Esto podría evitarse con una escena independiente real,que respetase a los creadores, y un público más tolerante hacia los artistas. Creo que de lo que se queja Marco es de ese público, que es incapaz de entender el arte más que de una manera mercantilista, con un juicio que va de mayor a menor satisfacción, y exige ciertas cosas a un artista que no tienen nada que ver con su sensibilidad y su creatividad, como tocar correctamente, o ir bien vestido, u otras cosas que la gente exige del artista al margen de su obra terminada.

Me vienen a la mente varios conciertos desastrosos, como uno de Love en Benicassim, o el de los TV personalities en Madrid.

Conciertos que deben entenderse en su contexto, comprendiendo que el artista no debe producir conciertos todos ellos homogeneos y satisfactorios para el público, como si de una fábrica de galletas se tratara, el arte se basa en el sentimiento, y el sentimiento no se presta a un intercambio comercial tan sencillo.

El cantante de Love acababa de enterarse de la noticia de la muerte de uno de sus mejores amigos. Fue un concierto desgarrador y angustioso, lleno de tristeza y desesperación. No fue agradable de ver, pero lo que es absurdo y cruel, y odioso, es como la gente se indigno y habló en su momento del valor de su dinero, de como ellos habían pagado por ver un concierto y no se les había dado nada a cambio.

Del mismo modo hay que tener en consideración la vida y personalidad de Dan Treacy antes de asistir a uno de sus conciertos.

absurdista dijo...

Es totalmente legítimo hacer arte para ganarse la vida, pero también banal. A lo yo me refería era a la no creación de objetos premeditadamente, con el objetivo de devolver el valor del dinero -que es el valor del cambio de cosas equivalentes- a las cosas que no se pueden reducir al valor de cambio. Un ejemplo, es esa montaña que estoy viendo y que la disfruto todos los días, con sus cambios de colores. Esa montaña vale mucho más que cualquier otra cosa porque nadie la puede comprar, porque no se puede intercambiar por otra cosa. Para mi es lo que nos maravilla, porque su valor no se deja reducir al de la mercancía, en cierta manera es algo así como el amor moderno. El amor también se ha podido comprar y vender, de hecho los matrimonios han sido eso a lo largo de la historia, pero el concepto de amor actual también es algo muy romántico. El amor que hoy en día se entiende unido a la atracción sexual consite en devolver a la tierra y a la vida, el amor incondicional y eterno a un único dios. Esa es otra idea que tambíen está en crisis, al igual que la idea del artista que crea a la manera de un dios, y por lo tanto su propia vida es una creación. Se vuelve a la idea del asalariado, del arte servil, esta vez la plenitud no está por ningún lado, ni en la vida ni en los dioses. La mejor droga para vivir en este estado de producción incesante de objetos banales es la cocaina

gina dijo...

Es mucha responsabilidad para el hombre crear cosas tan hermosas como una montaña. Viviríamos en una frustración absoluta. Nadie puede crear porque sí algo tan hermoso. No creo que alguien puede vivir su vida como una creación.
En cambio sí que creo que sea obligatorio vivir para descubrir constantemente la belleza. Que por ejemplo puedan ser, para mí, las canciones de TVP o una montaña o lo que sea.
Y sí que sé que esto es gratis

absurdista dijo...

bueno volvemos al primer tema, la belleza es una realidad que está delante de nosotros que se puede contemplar?, o brota de la actividad creadora de los seres humanos. Tal vez la belleza se descubre, como las cosas de la naturaleza o se crea, como los símbolos de la cultura. En principio parece que da igual elegir una cosa o la otra, parece una reflexión demasiado vaga, pero las consecuencias prácticas son totales, ya que es radicalmente distinto el artista que descubre la belleza, que el artista que inventa la belleza. Los primeros beben de un paradigma establecido, y tienden a ser conservadores, son en cierta manera esencialistas, mientras que los segundos suelen romper con las ideas previas y dan una perspectiva totalmente diferente. Ya se que vivimos una época que se jacta de haber vivido demasiada historia y que los inventos, las revoluciones, las creaciones radicales ya no se contemplan. Creo es producto de que nuestra capacidad de imaginar esta superada por la ralidad que nos rodea, y ante eso queremos refugiarnos en un arte que nos facilite un cobijo y nos de seguridad. Creo que este siglo se ha inugurado con un terror al futuro y un culto al pasado que nos ha paralizado. Tal vez por eso el folk está tan de moda?

me refiero que antes la fantasía superaba siempre a la realidad, pero hoy en día la realidad supera la ficción, por eso nuestra imaginación nos parece tonta y repetitiva e incapaz de imaginar algo que supere esta realidad sorprendente. Hoy en día la ciencia ficción es novela costumbrista, y la novela costumbrista es ficción, por eso, descubrir, esta mejor valorado que inventar.

Josep dijo...

Totalmente de acuerdo en lo de que la fantasía supera la ficción, yo soy artista y es uno de los grandes problemas del arte del presente, no nos podemos imaginar nada más increible que lo que pasa en la realidad.

Muchos ánimos con el blog, y que siga el elevado nivel intelectual que se muestra en artículos como este.

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