La incapacidad para crear que nos rodea

Es muy dificil crear algo cuando el ambiente que nos rodea es opresivo, cuando la capacidad para imaginar se reduce a la mínima expresión, cuando no hay necesidad de escapar de nada, cuando preferimos tener algo seguro. La creatividad es un impulso, una necesidad, una apuesta, una salida a la desesperada. Nos estamos quedando sin palabras para expresar la nada. El olvido de nuestras tradiciones, de nuestros mitos, empobrecen nuestras ganas de vivir, porque ellas son las que dan sentido a lo inexplicable, crean un argumento total sobre el mundo en el que creemos, en cierta manera crean también la realidad, e interpretan el mundo que observamos en base a lo inobservado, esa parte inobservada en la que opera  la imaginación.

¿Por qué un mundo en el que el conocimiento avanza de una manera espectacular, nos está dejando un desconocimiento, una esclavitud, un servilismo cada vez más aplastante?. Porque hemos perdido la capacidad para imaginar;  la salida del sueño dogmático que inició la ilustración nos ha llevado a la imposibilidad de sustituir las viejas tradiciones, pero para que exista una sociedad que pueda vivir libremente, es necesario que todos sus elementos sean capaces de vivir como creadores, que mantengan una disputa continua entre formas de ver el mundo que mantengan una tensión creadora capaz de sustituir el dogma por la continua creación y reestructuración de ideas en un mundo sin un fundamento absoluto, pero tampoco vacío de sentido. El mundo nos es desconocido y absurdo, y lo único que lo hace aceptable es, por ejemplo, el juego que hace que una sucesión de sonidos se convierta en una melodía, que indaguemos en nuevas formas de ser, de pensar, de amar. 

La incapacidad de los progresistas para salir del servilismo la anunciaba Nietzsche, y nos ha llevado a esa desbandada de la gente hacia posiciones conservadoras, que de tanto olvidarse de su capacidad creativa, llenado su necesidad de dar un sentido a lo desconocido buscando en el dogma tradicional un sentido a su vida y a un mundo, que curiosamente conecta mucho mejor con la realidad del mundo de hoy en día que otras excentricidades, ya que en cierta medida, no vemos todo lo que hay, sino sólo lo que podemos entender.




Los cuernos de Aznar, puestos a un grupo de jóvenes antisistema, simbolizan el punk invertido, del poder fente a las supuestas ideas de cambio.

Día a día nos vamos haciendo a la idea de que la economía va ir bien si dejamos que el mercado se lleve un poco más de dinero; y es verdad, los políticos que dejen al mercado que funcione, harán un gran favor a la economía, pero como la economía se basa en la acumulación de capital y no en la distribución del capital, tendremos muchos menos capitalistas y muchos más personas desposeidadas de cualquier propiedad, las cuales no pódrán más que vender su mano de obra, a cambio de lo mínimo para que puedan ser consumidores.

Pero bueno, eso es lo que viene pasando cíclicamente desde los años ochenta, y aún recuerdo la anterior crisis, que convirtió a una gran parte de parados en una masa de precarios, que aún malvive en un pais que se ha considerado uno de los más ricos del mundo. Ahora todos los precarios están en el paro, y el mercado necesita que esos precarios se sacrifiquen un poco más, para que este pais siga siendo competitivo, y que sean un poco más precarios si cabe.

Dentro de poco el capital no necesitará a tantas personas para reproducirse, y los que hayan sido desposeidos de cualquier propiedad tandrán que hacer lo que sea a cambio de casi nada. En ese caso, los políticos, deberán empezar a desarmar esas absurdas leyes que imposibilitan que la economía funcione y dejar a la economía que dé a cada uno lo que se merece. Por otro lado se dará la paradoja de que el libre mercado no podrá vender sus productos, y habrá que mantener el nivel adquisitivo de una parte de la población, es decir, habrá que mantener unos mínimos cada vez de peor calidad, ya que casi nadie podría permitirse mucho más:  películas basura, música basura, festivales basura, deportes basura; una forma de manener los sueños de una gran masa de gente que aún creerá que puede llegar a tener lo que quiera algún día y el esfuerzo de levantarse a las seis de la mañana día tras día valdrá la pena.  Una cultura cercana a la de los coliseos romanos que ya nada tiene que ver con esa refinada burguesía pop de los sesenta, una cultura para una gran masa de trabajadores precarios con derecho sólo a consumir,  llena de superproduciones efectistas atolondradoras del intelecto,  discotecas con fuegos artificiales, gente musculada y labios rellenos. Una gran basura que es la cultura que nos rodea.

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