La música y el mal

"Escuchando una canción de Oh Custer"

Hoy he hablado con un hombre que se denominaba cristiano. Repetía que Nietzsche estaba equivocado. Yo mientras oía esa canción en mi cabeza y sentía esa cosa que él identificaba con el mal, removiendo mis fantasías de un mundo en movimiento, salvaje, selvático, inalcanzable por medio de medidas y palabras. Ese sonido era lo que me atraía, mientras en su mirada una turbia perversión y una amargura llena de temor le hacían mirar hacía si mismo y olvidarse de la voluptuosidad de una tarde de primavera, y de ese ciego amor que yo sentía por un mundo absurdo, escuchando los ritmos que latían en las laderas donde brotaban las enredareras al calor del sol, con ese impulso ciego, que el hombre tachaba de diabólico. La canción sonaba con más fuerza y mi voluntad se confundía con la voluntad de la naturaleza. Él obsesionado con el uno, tal vez se ha olvidado de lo que tenía frente a él. No se fiaba de esta tarde tan llena de poderes sobrenaturales. Quería un principio de razón suficiente. Una causa primera.

Le dije:  respóndeme una cosa, ¿Estás enfadado con este espectáculo?, ¿No oyes el fluir de la vida en cada momento que pasa?
Él me respondío con un gesto airado y tajante:  ¡La música es el mal!

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