La decadencia de las "artes" audiovisuales

La industria audiovisual americana que hizo posible que su música tradicional fuera la música tradicional de media humanidad; que las películas tuvieran pistoleros y mujeres fatales, y que los jóvenes de medio mundo se pusieran pantalones vaqueros ha entrado en una crisis sin precedentes. Ya no es capaz de crear nuevos ídolos mediáticos a la altura de sus predecesores, el siglo 21 ya no tiene ídolos y por extensión tampoco tiene antiídolos, el cinismo y la parodia se apoderan de un espíritu  de occidente, la idea del bien y del mal toma una forma arcaica, casi medieval, la moral es cosa de curas, las viejas esencias de occidente ya no representan la vanguardia y la modernidad, sino la reacción ultraconservadora representada por el espíritu del Tea Party. Lo que eran dos modelos económicos enfrentados en pugna por llevar a la humanidad a un mundo nuevo, se ha quedado en un único modelo que lucha por mantener la tradición occidental frente a otras tradiciones, la idea de una nueva humanidad se ha desvanecido, el arte del siglo 21 se nos presenta como una recreación de tiempos mejores, y en particular el arte audiovisual como una recreación del siglo 20. ¿Hay alguna salida para que el arte audiovisual deje de ser una continua repetición de clichés de una época dorada que ya nunca volverá?

Occidente sólo tiene una salida, o recuperar el sueño del progreso y modernidad o caer una una nueva edad media y en una gran guerra entre religiones. Mientras nuestra cultura audiovisual, la cultura más influyente y más transformadora de toda la historia de la humanidad cae poco a poco, sin que nos demos cuenta en oscuros discursos fundamentalistas. Pasando las emisoras en la radio del coche voy escuchando sucesivamente Intereconomía, Gestiona, Radio María, y la Edad Media va echando raices en las mentes de la clase media española o de la juventud snob que prefiere lo facha a lo socialdemócrata para darse alardes de un radicalismo que el discurso posmoderno ya no tiene. Ya van tres o cuatro huelgas generales en francia y la ley de Sarkozy se aprueba en el parlamento; la gente se manifiesta pero eso a la vez produce indiferencia. Las ideas radicales siempre acaban en disturbios callejeros, frente a la indiferencia de los intelectuales, de los artistas, de la mayoría de estudiantes y lo que es peor, de los periodistas que están al servicio de los partidos políticos respectivos. Mientras el parlamento hace lo que le da la gana.

Uno de los peores sedantes ha sido esta última década de grupos pop, rock, punk, hip hop, que se han subido al carro de la indolencia y la despreocupación como una forma de superar sentimientos que les pudieran hacer vulnerables, dejando a la industria audiovisual una colececión de soplapollas insoportable. Me da asco salir un domingo por la latina y ver cómo los modernos son gente con flequillo y acento de pijo, todo ello con nuestro beneplácito y consentimiento, gente para la que tendremos que trabajar el resto de nuestra vida y que se reirán de nuestras ocurrencias y salidas de tono. Si el modelo de modernidad son The Drums habra que emplearse a fondo para empezar a poner las cosas claritas a quien haya que ponérselas. ¿Me oís criticos de música, promotores de salas sin escrúpulos, buscadores de tendencias sin corazón y demás profesiones coyunturales propias de un ciclo económico alto?


8 comentarios:

Ernesto dijo...

¿Pero que teneis contra The Drums? a mi me parecen un grupazo

Raúl Querido dijo...

Por centrarme en lo musical -si me pongo a escribir sobre la política, estropeo el teclado con los espumarajos que me saldrían por la boca-...
Yo no creo que The Drums sean un grupazo. Y tras verlos en vivo mucho menos. Tiene hits, eso sí. Pero hits bastante intrascendentes. Y en vivo no tienen nada que ver con Franz Ferdinand, por ejemplo, que cada vez son musicalmente más intrascendentes, pero mejor banda de directo.
Entiendo lo que dice absurdista de The Drums como ejemplo del "indie" vacío y de fácil digestión y olvido. Si perseveran acabaran siendo grupo masivo de moda para pijos, sin duda.
¡No en vano en The Drums toca Guti! -se le ve corriendo en primera fila en el vídeo de vamos a surfear-. Es de esperar pues un supergrupo con miembros de Pignoise y The Drums y algún otro ex-jugador del Madrid que se suba al carro.

merodeador dijo...

joder, también tú. A quién se le ocurre salir los domingos por la Latina, y luego ya puestos a sentarse en el césped de la plaza de Oriente. Es como otro planeta, un mundo oligofrénico de gente del mundo audiovisual

Antonio dijo...

Cuando un ciclo se cierra no queda otra cosa que conservarlo y enseñarlo a las siguientes generaciones. En cuanto a música sólo veo salida en algún tipo de música que sea como más orgánica, donde no se aprecien necesariamente las fronteras entre estrofas, estribillos, puentes, etc, más cercano a la música de verdad que en realidad es como un continuum, como la paleta de colores del photoshop (en contraposición a la cuadriculada del paintbrush, que correspondería con el pop que podríamos llamar tradicional). Cuando se popularice el pop orgánico podríamos decir que estamos en una etapa nueva.

Raúl Querido dijo...

Yo no sé si es lo que tú pueden estar apuntando, Antonio, pero sí que veo necesario ejercitarse en otras estructuras, si necesidad de abandonar el pop. Yo apuesto por la repetición rítmica y la narración, el discurso tal cual lo expondrías, porque permiten comunicarse de otra manera con el que escucha. Esto viene a ser el rap, pero con otros temas y sonidos, supongo.

Daniel de la Mancha dijo...

Bueno yo no puedo estar más en desacuerdo con vosotros. No creo que se tenga que abandonar nada. Igual que en la literatura y en el cine funcionan muy bien las reglas de la trama y los personajes, en la música funcionan muy bien las reglas de estrofa estribillo estrofa. Es algo inherente a la música popular.

En varias ocasiones hemos discutido, el porque hay compositores de pop, que con los años pierden su magía, y en muchos casos, se ve con claridad como han renunciado a los estribillos, se han vuelto autocomplacientes, y dejan al oyente sin asideros, con estrofas interminables, o sencillamente con estribillos que varían demasiado como para ser reconocibles como tal.

Ahora que no estoy defendiendo un fundamentalismo pop ni nada por el estilo. Solo que me parece que al final hay cosas que siempre funcionan bien, y muchas veces esa es la diferencia entre una canción que te llega y otra que te deja indiferente. O entre una pelicula entretenida y una espantosa.

Eso si con excepciones loables por supuesto.

cancioneru dijo...

Yo estoy de acuerdo con Dani. Yo, como persona nacida en el 82, me creí aquello del post-rock durante una larga época, y al final me he dado cuenta de que hacer una canción de pop redonda, con estrofas y estribillos memorables, con una duracion entre dos y tres minutos, es casi lo más difícil de hacer, y que el cripticismo, la métrica oscura o las armonías rebuscadas son muchas veces los trucos más fáciles. Por la misma razón que me he dado cuenta, ya de postadolescente; sin la necesidad de hacerme el interesante, que me gusta más Batman, el señor oscuro que cualquiera de las soplapolladas sin sentido que a David Lynch le gusta regalarnos cada par de años.

Antonio dijo...

Yo no he dicho que haya que renunciar a lo que se viene haciendo desde hace décadas, igual que no hemos renunciado a la música clásica y ahí está todavía. Pero a lo que sí renuncio es a pensar que el pop ya es el final de la música, que toda la música o todo el pop se acaba ahí, en estrofa-estribillo-estrofa-estribillo. Alguien tendrá que inventar algo nuevo aunque ya no le llamemos pop sino que será otra cosa. Lo cual no quitará que siga disfrutando del pop, igual que lo hago de la música clásica. Lo uno no está reñido con lo otro y pueden convivir perfectamente.

Y si no tuviéramos a Lynch habría que inventarlo. Y aun así Lynch ya es un clásico, así que alguien tendrá que aportar algo nuevo también.

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