Madrid, españa, castilla y su odio a la música (y por ende a la vegetación)

El día de la música es el concepto de ese desprecio que una ciudad como Madrid tiene por la música. De un país donde sólo se puede aprender música para dedicarse profesionalemente en cuerpo y alma,  y que fuera de esa academia que crea seres traumatizados que acaban odiando la música, la gente prefiere oir sin escuchar,  sin haber desarrollado siquiera la menor inquietud por una cosa que debiera haber sido la mejor manera en la que la infancia hubiera podido crecer.

En españa nos han robado ese derecho con ese complejo de culpa y de inferioridad que mata nuestra creatividad para insertarnos esa personalidad de Sancho Panza que nos inculca la pacata y burda mentalidad castellana y ajena al gusto, a la sensibilidad y a esas cosas que muchos de nuestros educadores en la brutalidad carpetovetónica consideran mariconadas.

Nos han robado la terapia más grande jamás inventada para que esta vida tenga un mínimo de armonía, sentido y gusto por los matices, los elementos de los mundos del incosciente, las cosas que no se pueden transmitir con el lenguaje, esa inteligencia que sintetiza la totalidad en un flujo continuo unitario y libre todos esos conceptos que las inteligencias separadoras,  limitadoras de contornos e incapaces de ver nada en la oscuridad son incapaces de comprender. Esa para coja de nuestro cerebro. El rezo que une al pueblo en un transcurrir de un tiempo inmemorial; eso, en esta ciudad es una cuestión de marketing, de profesionalización, de disfrute inmediato y sediento y carente de fondo, de consumo que se acaba  de miras tan cortas y tan poco estimulantes que me hace pensar que debajo de este sol sólo pueden seguir cantando las cigarras,  mientras la fineza espiritual seguirá siendo apedreada y ridiculizada, o lo que es peor, admirada desde la ignorancia como esa cosa aburrida que hace la gente que vale y a la que hay que aplaudir porque ellos entienden y nosotros no vamos a quedar mal.

Después de decir esto pienso que hay esperanza, pero una caja registradora en forma de festival pop y con un control policial y no policial atento para que no puedas hacer otra cosa que gastar tu dinero no es el camino.

4 comentarios:

monstruobot dijo...

Joder, me voy a sentir culpable por colar ayer 4 botellas de Ron Miel en el Matadero

Pablo Nicasso dijo...

El otro día alguien criticaba a los críticos de música (valga la redundancia). Sin embargo creo que escasean, y su déficit puede ser la culpa de que en España nadie tome una postura crítica ante la música. La culpa de que nadie vea la crisis aquí también. De que todos acatemos lo que nos venden sin sentir ni pensar. Viviendo en un sistema capitalista, cuando faltan los críticos el poder no es del pueblo, sino de los mercados.
El día de la música, es otra falacia más de este gobierno madrileño, que intenta concetrar la cultura en impactantes centros de diseño, como quien mete borregos perfumados en un redil de bóvedas de cristal.
Todo rodeado de una policía represora que amenza bajo la más mínima sospecha de haber adquiriro una cerveza que no patrocina el "magno evento"

absurdista dijo...

Ya, es necesario que haya críticos independientes y muchos, para que sea dificil que se imponga una ortodoxia, por mucho que haya que derribar continuamente las ortodoxias, ya que para poder ser heterodoxo hay que argumentar con las herramientas del conocimiento, no del populismo y de las listas de éxitos.

Mylodon Darwinii Listai / Milodón dijo...

Con el DCode, el refrán 'Otro vendrá que bueno me hará' se hace materia para este post

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