El Desván Mágico de Raul Querido (1ª Parte)

Para alcanzar el desván mágico de Raul Querido, primero hay que atravesar el río, y para eso tendrás que elegir entre un puente antiguo de piedra, o uno moderno de metal. El primero se está agrietando, y parece al borde de la ruina; el nuevo brilla y parece capaz de despegar en cualquier momento. Si yo fuera tú, escogería el de piedra, aunque como está claro que yo no soy tú, te diría que eligieras aquel que más te convenza, o el que menos te asuste. De cualquier manera, si consiguieras sobrevivir después de cruzar el río, los dos puentes te conducirían al escondrijo oculto del querido Raul, al que te has auto-invitado para verle mezclar sus pócimas y componer sus conjuros. Sin embargo, llegar no es lo más difícil: lo complicado es lograr salir de allí con vida.


Al cruzar las placas de hierro, es posible sentir cómo se comban bajo los dedos de tus pies, aunque confías en que aguantarán tu peso sin problemas. Después de eso solo te queda penetrar en la guarida de Querido donde podrás ver, como si acabases de entrar en un universo paralelo desquiciado, todas las guitarras, teclados y enciclopedias musicales que se amontonan allí, junto a cajas de ritmos, pianos de juguete y otras curiosidades musicales. Casi puedes ver cómo en más de una ocasión el amanecer le habrá sorprendido diseñando alguna de sus disparatadas canciones ¿protesta?, después de haberla estado construyendo y de-construyendo toda la noche. También puedes imaginar a Raúl apresurándose para no llegar tarde a su trabajo, y a la esclavitud de los medios de comunicación a los que tanto critica, pero que paradójicamente le dan de comer (o puede que no sea paradójico en absoluto, y lo suyo sea simplemente una reacción natural contra todo lo que tiene que soportar a diario).




En esta cámara de los horrores, Raul ha grabado su ominosa discografía, que cuenta con cientos de canciones irreverentes y delirantes, a veces hipnóticas, y otras, en cambio, profundamente reflexivas. Y aunque puede que algunas simplemente parezcan bromas improvisadas sobre la marcha, todas ellas dan en el clavo, porque Raul es de esos seres que han sido tocados con el ingenio y la simpatía y es capaz de poner al público menos pensado de su parte. Esa es la magia que se le ha concedido, o que ha adquirido después de estudiar algunos de esos libros prohibidos que se amontonan en sus estanterías polvorientas.

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Aunque estés deseando ver como ensayan, Raul insiste en invitarte primero a la torre donde te enfrentarás a otra prueba: elegir entre dos tazas que contienen un mismo brebaje, aunque sólo una de ellas lleva té envenenado. "Elige sabiamente"- te reta, y sonríe malévolamente...

(Continuará...)

1 comentario:

absurdista dijo...

Gran relato que convierte el mito en realidad y la realidad en mito

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