El Desván Mágico de Raul Querido (2ª Parte)


Estás en la terraza de Raúl Querido, desde aquí la ciudad se parece al Cairo o a Damasco, aunque el pirulí delata que al final sólo es Madrid. Acabas de elegir entre dos brebajes. Raúl te ha asegurado que uno de los dos estaba envenenado. Miras nervioso el contenido de tu taza, Raúl cuenta hasta tres y bebéis a la vez, cada uno de su vaso. Él sonríe y te tranquiliza- Bueno, no tienes de qué preocuparte- asegura- en verdad era todo mentira y no había veneno. De haber echado veneno, lo hubiese puesto en los dos vasos, por supuesto, porque yo hace años desarrollé la inmunidad a este veneno en particular. Es algo que aprendí de mi amigo Iñigo de Toledo.

Te relajas un poco, parece que le has caído bien. Las conversaciones giran en torno a los espías secretos de la yonosepop, o a alguna anécdota graciosa de los peculiares protagonistas del circuito musical de Madrid. Comentan como en el concierto de la fonoteca, Siroco estaba hasta los topes, tanto que hubo mucha gente que se quedó fuera sin poder pasar, y se quejan de que casi ningún medio se haya hecho eco del asunto o se hayan centrado en lo negativo omitiendo su importancia.


De todas formas, sostiene Querido que la manera en que la gente reacciona a los grupos hoy en día es muy distinta a como lo hacían hace años. Antes, si un medio importante hablaba de ti, tenías todo de tu parte, y una gira nacional era posible, viable y económica, pero ahora lo único que conseguirás serán unas escuchas fugaces, antes de que el público pierda la atención y se ponga a buscar el último meme que ha brotado de la red. "Hay que aprovechar la poca atención que te prestan- asegura- Poco a poco, hay que construir lo que se pueda. Esta semana hablan de ti, y la semana que viene casi todos se olvidan, hasta el próximo terremoto, así que tú sigue a lo tuyo, incansable, sin tener en cuenta estas pequeñas olas". Una filosofía muy adecuada a su sonido Lo-fi y su producción constante. Llueva o haga sol, se puede contar con que Raúl añadirá incesantemente más canciones a su colección y dará todos los conciertos que pueda.


Pero lo grande de Raul no es sólo su filosofía o sus canciones, sino que contagia de entusiasmo a mucha gente, colaborando y uniendo a muchos grupos, y ahora, en parte gracias a él, hay una consanguinidad muy interesante en la no-escena de la capital. Quizá lo que hacía falta era que alguien ofreciese refugio a los que necesitan grabar y no tienen los medios económicos para hacerlo. Si fueras honesto contigo mismo, admitirías que venías con un propósito oculto: grabar con Raúl.

La discusión se alarga hasta que empieza a oscurecer, y cuando piensas que lo del ensayo debe haberse cancelado, de pronto deciden empezar, y te llevan a la sala de grabación. Allí, Querido y sus secuaces, ensayan quince canciones en unos diez minutos, y luego se dan por satisfechos.


Raúl te acompaña a la calle, y aprovecha para sacar a sus dos perros guardianes, dos criaturas salvajes y sanguinarias que le protegen de sus enemigos. Esta vez cruzas el río por el puente de piedra, algo deslumbrado todavía por las melodías giratorias de las canciones del Querido e inquietante Raúl.

Cuando oyes el estrépito ya es demasiado tarde, las rocas se han derrumbado bajo tus pies, y lo último que ves mientras te hundes en las gélidas aguas, es a Raúl Querido asomado al abismo con una sonrisa en los labios...


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