Pussy Riot frente al activismo reaccionario en la música pop y la modernidad post-izquierdista


Las integrantes del grupo feminista Pussy Riot fueron condenadas en 2012 por vandalismo después de realizar un concierto improvisado de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, quedando para la historia un hilarante video. Dos de las integrantes siguen en prisión y una de ellas Nadezha Tolokónnikova está en un hospital de Siberia después de una huelga de hambre en la que denunciaba haber sido objeto de abusos y malos tratos.





Es curioso, pero desde occidente mucha gente opina que estas acciones son pueriles y ridículas que no van a cambiar nada y que aquí no tendrían sentido porque vivimos en un ámbito donde este grado represión se ha superado. Lo que más me llama la atención es que este tipo de afirmaciones en un grado muy elevado las he escuchado en el ámbito del pop, del punk, y del rock, música que tradicionalmente se asocia a la rebeldía y a la subversión. Indagando un poco mas, he ido constatando que lo que realmente se valora como rebelde y subversivo entre una gran parte de los que se consideran cool, es el tomar una postura totalmente contraria a los críticos, ejerciendo una crítica a la crítica y ascendiendo hacia un punto de vista superior al de cualquier revindicación o toma de postura por algo. Esta actitud invalida continuamente cualquier acto de desobediencia y considera que el acto de desobediencia auténtico es la desobediencia a los que realizan cualquier crítica. 

Para ser cool al final siempre tendremos que estar mas cerca de ser unos perfectos hijos de puta reaccionarios, que de tomar una postura por cualquier causa que aspire a una mayor emancipación de sectores segregados de la sociedad. Es muy aceptado y símbolo de una gran inteligencia y un fino sentido de la ironía reirse de feministas, homosexuales, y utilizar términos propios de la ultraderecha para desmarcarse nietzscheanamente de la mediocridad de la masa acrítica de la izquierda.

Y es que lo que en un tiempo se llamó la contracultura puede ser reescrita y puede tener múltiples lecturas, y está claro que el conservadurismo cool impone doctrina de la de toda la vida con el pelaje de una ultracrítica feroz y superior haciendo pasar por el aro a casi toda la modernidad de occidente y en especial a la de este país que contempla con complaciencia como la derecha impone su discurso dominante haciéndolo pasar por el beneplácito de los que se supone que deberían rechazarlo.


En su momento era transgresor y antimoderno, hoy en día lo políticamente incorrecto es símbolo de buen gusto y distinción y es aceptado por la postmodernidad bienpensante, utilizado para aplacar cualquier crítica que venga desde cualquier movimiento que aspire a la transformación social. La política de la incorrección ha dejado de ser política, o mejor dicho ha pasado a defender inconscientemente una única forma de política. (Por cierto, amamos a Ilegales, este vídeo sólo sirve para ejemplificar lo que quería exponer).

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