Por qué el discurso de la independencia ha sido asumido por las élites

Hace años querer la independencia de Catalunya implicaba en cierta manera tener una tendencia izquierdista, la independencia se relacionaba con el antifascismo, la creación de un estado catalán libre e independiente, autogestionado y socialista. Hoy tenemos un independentismo burgués, económico y de clase media insolidario con la clase trabajadora del resto de españa, que hace el juego a las élites del poder catalán que a su vez utilizan el viejo anhelo de la izquierda en su beneficio, es decir,  presionar a Madrid para mantener su estatus e imponer todo tipo de recortes sin apenas respuesta social. 

Todas las medidas neoliberales de Artur Mas están justificadas por que españa oprime a cataluña y así hay via libre, la via catalana, hacia un estado propio acrítico, en el que todo está justificado con el único fin de dormir al pueblo catalán en un sueño colectivo hacia un profundo neoliberalismo eso sí, a la catalana. Lo que ha ganado es la pugna entre la Marca Catalunya, frente a la Marca España, no han ganado los valores de progreso, de mayor democracia, de derechos sociales, de autogestión solidaria con regiones de las que se ha alimentado la clase obrera catalana como Andalucía y Extremadura, lo que ha triunfado ha sido la versión más chabacana de emprendeduría aplicada a nivel nacional, la idea de estado nación equiparable al de una empresa que utiliza términos asociados a la cultura y al sentir popular como una continua campaña publicitaria. España es igualmente otra empresa y lucha con su competidor directo, mientras no nos damos cuenta que detrás de esta guerra ya no hay un ápice de romanticismo, de interés por el pueblo, sólo hay dos grandes empresas en busca de su propio interés utilizando cualquier medio a su alcance. 

Tanto independencia como no independencia son dos términos de una lógica binaria en la que posicionarse sólo implica seguir un mismo juego dialéctico, el juego del capitalismo, no el de la liberación. ¿Cómo puede ser que después del 15 M haya resurgido un movimiento tan clásico como el nacionalismo catalán y frente a él el español, después de la intensa crítica que supuso la distancia que supuso el identificar a los partidos políticos tradicionales indistintamente de su ideología con el poder económico? ¿Acaso esa misma crítica no se aplicaba solo a partidos, sino que iba más allá, es decir, nacionalidades, géneros, roles sociales, con el fin de destapar que todos estábamos siendo clasificados dentro de departamentos estanco, desde donde se nos podía controlar, acallar y dirigir hacía donde el poder decidiese? 

Sinceramente creo que la respuesta está en la apropiación por parte del poder establecido de un discurso que un momento apareció como antisistema, pero que hoy en día a la luz de la crisis y de que gran parte de la población haya descubierto el complot económico-político de las élites en contra del pueblo, es la mejor forma de combatir a los realmente antisistema, es decir, los desposeidos, los precarios, los desahuciados, los inmigrantes. Por eso el discurso independentista es apoyado ahora desde arriba, es la gran forma de eliminar toda su culpa, para que todos miremos a otro lado, para que la izquierda clásica independentista deje hacer a los que mandan y que muchos incluso abandonen a sus compañeros de lucha del resto de españa.  Artur Mas y Rajoy se frotan las manos, si la Puerta del Sol y Plaza Catalunya ya no luchan unidas todo irá mucho mejor en las élites. 



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