Vuelven Puzzles y Dragones


Hace poco hablamos por aquí de la vuelta de Alborotador Gomasio, y hoy su grupo hermano Puzzles y Dragones, estrenan uno de los discos mas esperados del indie-pop español. Es increíble haber compartido y vivido de cerca la evolución de las canciones de Dani, prácticamente desde mi adolescencia, porque estas canciones sirven para entender en parte nuestras vidas y ademas para entender toda una actitud ante la música.
En los últimos años se ha reconstruido la historia del indie español desde un punto de vista tendencioso y poco honesto, básicamente una visión de críticos musicales establecidos que no conocían profundamente el sustrato real de los grupos y de las escenas que lo conformaban, y que básicamente estaban en esto por ese esnobismo del que hoy en día muchos se arrepienten. Pero hay una historia subterránea y desconocida para los que intenten indagar, y Puzzles y Dragones forman parte de ella. Esa es la historia del pop underground fuera del indie establecido, que podría entroncar con sellos, fanzines y colectivos que a lo largo del tiempo se han ido sucediendo, rescatando joyas del pop desde la mas absoluta independencia frente al total desprecio y abandono de los medios y revistas indies oficiales.
Nos podemos remontar al fanzine Stamp, que prácticamente trae el indie pop a españa, y crear una línea directa que enlaza con con el programa El Kastillo de las Lágrimas y el sello Federación de Universos Pop liderado por Otero Lágrima, o el fanzine yoyó,  el sello Birra y Perdiz, Afeite al Perro, el Madrid Popfest o Bombas para Desayunar. Una línea que siempre ha avanzado erráticamente, entre la clandestinidad y el malditismo, dando palos de ciego en su visión del negocio, pero acertando en su inconsciencia y falta de espíritu empresarial, y gracias a esta actitud han conseguido hacer real lo fantástico, lo improbable, lo audaz, lo que se sale del sonido repetitivo de la tendencia de cada momento. Han hecho posible otras formas de vida singulares en la música española.
Fuera de la imposición normativa de que la música es para los virtuosos, malotes, y canallas, y de que la música debe estar orientada fundamentalmente a la fiesta hay espacio para las cosas torcidas. Gracias a este fracaso del pragmatismo, y este triunfo de la voluntad, han podido generarse espacios para los sentimientos, para la fragilidad y la heterodoxia, para cantar a la tristeza y el dolor, en los que  disentir de la felicidad autoimpuesta de este gris y anodino mecánico mundo moderno, que nos prohíbe estar mal, no nos deja detenernos un momento y conocer lo que nos pasa, y solo nos da una receta para que sigamos hacia delante anestesiados, con una sonrisa hueca.

Por eso frente a las canciones vacías, elegimos las canciones que hacen daño.

La vuelta de Alborotador Gomasio




Alborotador Gomasio son uno de esos grupos indisociables de la escena pop madrileña de esta última década. Unidos a Aplasta tus Gafas de Pasta desde el principio y hermanados con otros tantos grupos, siempre han navegado contracorriente en los cauces del pop mas desolado emocionalmente, ese pop de la desesperación y la soledad. Esa tradición que se abandonó desde los última época de Secretos o Suspensos, y que se diluyó en esperpentos que nadie quiso retomar, en el largo impasse que vivió la ciudad después de la larga y lenta agonía de la movida en los años 90, a la que se unió la  persecución de los gobiernos del PP a cualquier iniciativa cultural que pudiera sostener una tradición y una escena sólida en Madrid.

Alborotador Gomasio crecieron en esa resistencia frente al malestar, porque desde el comienzo fueron conscientes de que era necesaria la creación de vínculos y lazos afectivos, infraestructuras, implicación y autoorganización. De que las canciones son artefactos peligrosos o inofensivos dependiendo de lo que se haga con ellas, y que esa capacidad de ruptura solo es posible creando desde la autogestión: los fanzines, los programas de radio, el amateurismo. Gracias a esa actividad las canciones pueden tener un correlato real incendiario, y esto implica necesariamente iniciar procesos transformadores, cosas que los grupos de pop han dejado ya de anhelar, porque la gran mayoría han olvidado que hay un correlato real, mas allá del éxito, que entendido fuera de ese contexto, solo es un escaparate virtual de la banalidad postmoderna.





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