Manifiesto Nuevo Pop Madrileño



El pop en Madrid lleva años viviendo de un eterno revival de aquella lejana movida madrileña que cambió la ciudad para que todo siguiera igual. La movida fue una gran fiesta, pero después de la fiesta no quedó nada. En Madrid a finales de los 80 apenas había una escena capaz de crear una nueva generación de grupos que diesen al pop el arraigo necesario en la ciudad para que esta música se mantuviese en el tiempo y evolucionase.

La impostura de la modernidad madrileña aportó muchos grandes discos al pop, pero  nos trajo un resaca de mas de 20 años de olvido y lenta agonía. En los 90 se impuso una reacción conservadora que intentó borrar definitivamente de la memoria colectiva ese periodo de libertad creativa, mediante la persecución a la noche, la diversión y la música en directo. 

La travesía en el desierto fue larga, pero Madrid poco a poco ha ido rehaciendo una escena propia, recogiendo una tradición de apertura al mundo de la movida, pero desbordando los sus límites estéticos y sociales. Así se ha ido consolidando una tradición real en esta ciudad y no una impostura más. 

Hoy en día la fuerza del pop madrileño no depende de una tendencia o de una decisión política. Sin llamar demasiado la atención, sin grandes titulares ni signos de exclamación, se ha ido reconstruyendo en base a un público y a una infraestructura real, y a una multitud de grupos que han reinterpretado una tradición olvidada adaptándola al sentir, influencias y sonidos de nuestro presente. 

Por eso en este manifiesto queremos dar un toque de atención y mostrar que hay un nuevo pop madrileño ahí detrás, que se está construyendo día a día con la dedicación y el amor de grupos, salas, sellos, promotores, fanzines, programas de radio, blogs, revistas y todxs lxs que estáis haciendo posible construir una alternativa a la música establecida.


Este es un reconocimiento a tdxs vosotrxs. Algo está pasando.



El pop, esa mariconada para niños pijos




La música pop, es el cajón desastre, dentro del cual, se clasifica toda la música que no pertenece a un estilo definido, riguroso, fuerte. Se identifica con algo que intenta agradar a las masas, con algo que musicalmente no requiere un esfuerzo muy grande para llevarse a cabo, con melodías y estribillos que son algo trivial, y los temas que tratan sus letras (el amor, las relaciones, los sentimientos o cualquier cosa de la vida cotiana) son banales, fáciles y ñoños. En general una música propia de gente inocente, bisoña, inmadura, floja, poco viril, generalmente blanca o pálida y de clase media-alta, estudiantes universitarios o del ámbito de las profesiones liberales con inquietudes y actitudes políticas apáticas, conservadoras, o directamente reaccionarias. Y en cierta manera, este tópico puede ayudarnos a entender muchas cosas sencillas, pero a la vez, a no entender absolutamente nada de las cuestiones complejas que rodean a una de las formas de expresión musical mas importante desde que existen los medios de comunicación masivos.

Porque desde que existe la posibilidad de difundir la música a gran escala a lo largo de todo el mundo, diferentes tradiciones y diferentes músicas han ido sucediéndose en popularidad a lo largo del tiempo, y muchas han conseguido en algún momento formar parte de la historia del pop, con un estribillo que se ha quedado guardado y permanece imborrable en la memoria colectiva de la gente. Y el pop precisamente es eso, una cultura que no nace de un contexto definido, como podría ser el flamenco, el rap, o el blues, sino de las canciones de diferentes tradiciones que han conseguido romper la barrera de sus lugares de procedencia, gracias a los medios de comunicación de masas, para pasar a formar parte de un contexto global.

Y es que el pop no es un estilo en sí mismo, si no que es una confluencia de diferentes estilos, tradiciones, segmentos sociales y culturales, que en un determinado momento comienzan a utilizar un lenguaje que se transmite universalmente.




Esas canciones comienzan a formar parte de una nueva tradición que desborda los condicionantes de la tradición originaria, es decir, las canciones que son parte de la historia del pop pertenecen a un contexto global independiente del contexto originario. Se puede considerar que la cultura pop, es ese conjunto de canciones conocidas por casi todo el mundo, generalmente con estribillo y melodías reconocibles, que cualquier persona puede tararear y recordar fácilmente, independientemente del estilo o  instrumentos utilizados. Pueden tener elementos del jazz, de la música experimental, del hip hop, de la cumbia o de cualquier cosa, pero tienen que cumplir como mínimo esa condición.





Si los Beatles fueron el paradigma de la música pop, es simplemente porque fueron capaces de salirse de su propio contexto y recopilaron gran parte de los elementos de una multitud de estilos que podían ser utilizados en una canción. Ellos se especializaron en ese carácter universalizable de la música, que la industria del disco global había comenzado a hacer posible, y por eso son el canon o prototipo de la música pop. Sin embargo, hacer música con estilo parecido a los Beatles no es hacer necesariamente música pop. Lo que sería pop es adoptar la filosofía de los Beatles, es decir ser capaces de extraer de cada música el elemento común que comunica de esa manera directa y universal, que tiene unos límites nemotécnicos y melódicos muy precisos por encima de la forma en la que se ejecute. Por eso, por mucho que la música pop haya estado unida en sus orígenes al rock and roll o al blues, eso solo es una cuestión circunstancial, no esencial. Los Beatles mismos llevaron esa necesidad mucho mas allá de esos límites estilísticos. Además es posible que bandas que no tienen la pretensión de hacer pop, sin embargo pasen a la historia del pop, por accidente, o por la necesidad de transmitir un mensaje mas allá de las fronteras de cada género




Quizás digas que esto no es pop, que el pop es esa música floja para niños pijos, blancos, pero no; el pop no es de ellos, aunque muchos de ellos se hayan apropiado de ella y algunos la utilicen como estandarte. Por ejemplo, las canciones de Los Secretos son de la gente, mas allá de su contexto social acomodado, y pretender que la gente de los barrios no se apropie de sus canciones y solo creen músicas propias de su contexto, es un gesto de elitismo cultural, que asigna a las clases bajas la imposibilidad de entender los artefactos culturales que no correspondan a su entorno mas cercano. También los hay que reivindican que el pop sea una música de estilo y estilosa, propia de un contexto concreto de clase media-alta, un signo de distinción para blancos que hablan de arte y de sentimientos apagados y que ese es el verdadero pop frente al mainstream. Eso es precisamente lo que imposibilita a muchos grupos autodenominados indie-pop a hacer música popular y les condiciona a echar pestes sobre quien lo intenta. Esta es una de las razones por las que apenas haya habido himnos en el ámbito indie desde Oasis, el último gran grupo de pop de tradición sesentera realmente plebeyo y universal.   


 

Crisis e impotencia del Rock en las sociedades de control







El rock es un artefacto cultural que tiene una base sociológica y material muy concreta y delimitada en el tiempo. La sociedad de finales de los años 50 se desarrolla al ritmo de la industria del automovil, y lugar de producción de estas máquinas sofisticadas es la fábrica. Foucault, habla de una forma de ejercer el poder basada en el encierro y la disciplina de los cuerpos que modeló la manera de ser y de sentir la mayor parte de las generaciones del siglo XI y XX. Junto a la fábrica, la cárcel, el manicomio, el ejército, y en españa, concretamente la iglesia se fueron obedeciendo las exigencias de producción de cuerpos dóciles y disciplinados. Esta violencia tenía una contrapartida, la resistencia, es decir, la capacidad de escapar de la represión mediante la autodefensa y la confrontación directa contra las fuerzas que ejecutaban el poder, y a su vez mediante la solidaridad y la conciencia que generaba el sometimiento en un encierro común de masas de gente sometida a un trabajo alienante. Los sindicatos crearon la contrapartida a ese poder represivo y consiguieron mantener una tensión constante en ese choque de fuerzas, que en muchos lugares fue reprimida con violencia e incluso exterminada durante años de guerras, pero a mediados de los 50 hubo una respuesta artística que tuvo su origen en esa cultura de la fábrica, de las cárceles, de los centros de reclutamiento, y de los centros psiquiátricos que permitió expresar una respuesta y un rechazo a tantos años de violencia y disciplina.




El ruido y la violencia del siglo 20 se comenzó a extender en la música popular justo cuando ese proletariado comenzó a poder disfrutar de algunos privilegios burgueses. La banda sonora de la revolución, entendida como un artefacto cultural de rechazo al orden establecido, llega justo en el momento, en el cual, algunos actores principales de la opresión comienzan a poder escapar de las fábricas, de las cárceles, de las guerras, y comienzan a tener un modo de vida mas lúdico, llevando la tradición obrera y combativa a la cultura popular de consumo masivo. Pero la propia lógica de liberación frente a los dispositivos disciplinarios que que tuvo su máxima expresión en los años 60 llevó a una nueva forma de poder que ya no se basaba en la disciplina y la violencia física, si no en un control que no impone, sino que vigila, en un poder que no mata sino que posibilita la vida o la impide crecer, en lo que conocemos como "biopolítica".






Los sueños de libertad de los 60 frente a sociedades disciplinarias se han convertido en un distopía de libertad y felicidad absolutas. El poder se disciplinario fracasó y con ello también fracasó su máxima expresión cultural antagonista, el rock. Así la confrontación con el poder hoy en día es mas bien inútil en la mayoría de ocasiones. Las fábricas, los centros psiquiátricos, las cárceles, comenzaron a sacarse del espacio público, las fuerzas represivas se sustituyeron por dispositivos de control. A finales de los 70 se impone una sociedad en la que no hace falta imponer nada por la fuerza, en realidad nunca pasa nada, la violencia solo es ejercida de una manera quirúrgica cuando es estrictamente necesario, el poder deja vivir o deja morir en suburbios o mas allá de fronteras, las guerras no se ven, toda oposición al poder establecido se identifica con terrorismo porque el poder raras veces violenta, simplemente toma frías decisiones que pueden hacer que una parte de de la población muera sin que lo veamos, incluso dentro de nuestras propias ciudades.




La cultura rock de origen obrero pasa a verse como algo demasiado rudo, demasiado sucio y poco sofisticado, se ve en el rock un grito de rabia inútil e incluso algo infantil. El nuevo paradigma es producto de una nueva clase transversal que no se percibe a sí misma como reprimida, sino como autónoma, con potencia para crear en total libertad sin tener que oponerse a nada, en la que la felicidad es un derecho adquirido. El choque físico violento y la reacción angustiosa de los oprimidos se sustituye por un contexto de gestión de la felicidad de los individuos. Los héroes de la clase obrera pasan a ser coach. Todo se ajusta a nuestros deseos, a nuestra sagrada felicidad individual, ya nadie nos manda ni ordena, y rebelarnos contra algo es rebelarnos contra la nada. Ahí en el parlamento nadie decide nada, todo está automatizado, todos estamos programados, somos estadísticas, y es muy improbable que algo se salga de la norma Y seguimos conduciendo por las autopistas de la información creyendo que somos dueños de nuestro camino. Por eso la rabia del rock, es cada vez mas incomprensible.



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