El eterno retorno de la disrupción. Por una refundación de la rebelión

En occidente hay una tradición ortodoxa, conservadora, esencialista, puritana, inmovilista parmenídea, que intenta mantenener un vínculo entre lo estático, la realidad y unos valores esenciales inmóviles. Pero durante siglos ha habido una eterna pugna, entre parmenídeos y heraclíteos, los últimos defensores del devernir, del cambio, del acotececimiento, la singularidad frente a un principio de identidad rígido y excluyente. Esa contra-tradición ha ido fluctuando a lo largo de la historia cíclicamente y siempre se ha manifestado en oposición a ese orden y ha sido perseguida por él, en muchas ocasiones ha muerto antes de nacer y en otras se ha conseguido mantener en la clandestinidad durante años.

El siglo XX fue un siglo de pugnas ideológicas como nunca había habido en la historia. Movimientos culturales iconoclastas, vanguardias, revoluciones, guerras culturales, una ruptura que fragmentó el discurso hegemónico abriendo la posibilidad para que ese devenir saliera a la superficie. Pero nuevamente llegó la solidificación parmenídea, reconfigurando el acontecimiento, en una nueva identidad, en una nueva redefinición continua. Nuevas disidencias, nuevos dogmas, una máquina de readaptación en forma de mercancía, la diferencia y la singularidad reducida al absurdo.

El sigo XXI necesita replantearse cual es la nueva expresión cultural que pueda erigirse en una máquina de guerra contra la apropiación de la singularidad y la diferencia, y para ello ya no nos sirve lo que la última gran resistencia ha mantenido en el underground, toda esa tradición "la cultura punk". Tal vez hay que utilizar lo que tuvo de válido en base a las nuevas resistencias que se han ido incorporando al underground y que han construido las nuevas formas de oponerse.

Las nuevas resistencias pasan por comprender cual es el lugar de todxs nosotrxs en la globalización tenocapitalista que se apropia continuamente de la novedad, en desvíos hacia nuevas singuralidades e identidades no gregarias, en crear nuevos vínculos y contrapoderes que no se dejen capturar por el mundo online, así como comprender cómo podemos lidiar con ese mundo para sacar el máximo provecho de él.
Es necesario refundar esa tradición iconoclasta, libertaria, en un movimiento-herramienta capaz de resignificar todos los devenires que estamos viviéndo, con todos los elementos libres que ya están en guerra y que no se han dejado captar.

Igual que las vanguardias intentaron nombrar lo innombrable, creemos un grito, verbalicemos lo imposible, sólo como una herramienta útil, que nos sirva como reconocimiento del lugar en el que estamos y de nuestra voluntad de dar vida a esa contra-tradición. La disrupción de nosotroxs, libre, autónoma, no apropiada por el mercado, no nombrado por la anarquía del sistema, sino por la anarquía que hay en nosotroxs.

Hacemos un llamamiento a todas las expresiones culturales disidentes, a refundar el concepto de rebelión, a construir una herramienta que como mínimo durante un tiempo nos puedan servir para dar voz, para unir, a todxs los movimientos divergentes, para que no caigan en la confusión entre la apariencia de "lo nuevo" lo "disruptivo", "lo revolucionario" que quiere el sistema parmenídeo, dogmático, normalizador. Que nadie pueda apropiarse de lo inesperado, que nosotrxs podamos posicionarnos de su lado y oponernos a los que intentan transfigurarnos en una pieza más del sistema.


Sólo hace falta un grito, un nombre que sirva de llamamiento, y saldremos de nuestras cavernas para romper de nuevo con todo.




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